Mosul, la gran derrota del Daesh

La liberación de la ciudad iraquí significa un golpe crucial y el final físico del califato, pero la región mantiene una situación inestable y un futuro plagado de incógnitas

Mosul era la segunda ciudad de Irak, bautizada como la Perla Norte. En ella vivían más de dos millones de personas y era conocida por su diversidad étnica y religiosa hasta la invasión de Daesh, que durante su conquista tejió una amplia red de apoyos suníes a golpe de corrupción, amenazas y sobornos.

En tres años la organización terrorista llegó a dominar un territorio de la extensión del Reino Unido —más de 242.000 kilómetros cuadrados— entre Irak y Siria. «El 5 de junio de 2014 el Es-tado Islámicoirrumpió en Mohandeseen, mi barrio. Bloquearon todas las carreteras y el ejército iraquí vino a nosotros; nos dijo que cerráramos las tiendas y nos fuéramos a casa. Pensamos que esta vez no iba a ser diferente a las anteriores, pero cinco días después el ejército iraquí huyó de Mosul y el Daesh se hizo con el control definitivo de la ciudad», narra Dawood, un ciudadano cristiano iraquí que escapó del yugo yihadista y a quien le ofrecieron convertirse al islam o morir. «Una mañana escribieron la letra árabe nun, que significa nasrani, (cristiano) en la pared de mi casa. Junto a ella, una frase: este edificio pertenece a la ciudad islámica. Esa noche, a través de los altavoces de las mezquitas, nos dieron un ultimátum: podíamos elegir entre convertirnos, dejar Mosul o la muerte. El 18 de julio de 2014 abandonamos la ciudad». Fue entonces cuando los suníes de la segunda ciudad iraquí abrazaron al Daeshcomo salvadores de la marginación étnica y religiosa que padecían por parte del entonces Gobierno central de Bagdad (de confesión chiíta). En el verano de 2014, cerca de diez millones de personas vivían en territorio ocupado por los yihadistas.

Poco después de la proclamación del califato, Estados Unidos dirigió una campaña militar aérea, apoyada por la Coalición Internacional, contra las posiciones de la organización terrorista en Irak y Siria. En octubre de 2016, algo más de 30.000 hombres iniciaron una ofensiva terrestre —dirigida por el Ejército iraquí y con el apoyo las fuerzas kurdas y la Coalición Internacional— hacia la ciudad de Mosul. Durante el primer semestre de 2017, las tropas iraquíes (muchas de ellas adiestradas por fuerzas militares de países de la Coalición) consiguieron alcanzar la ribera occidental del Tigris, lo que logró impedir la huida de los terroristas por el río, mientras que los combatientes peshmerga avanzaron hacia la ciudad por el este.

Victoria militar

El 21 de junio de 2017 es la fecha que simboliza la derrota del Daesh. Ese día, los terroristas acólitos a la organización de al-Baghdadi hicieron volar la gran mezquita de al-Nuri, —desde donde su líder espiritual proclamó el califato tres años antes— y horadó sus cimientos en busca de antigüedades y oro.
Sin embargo, decenas de miles de terroristas permanecieron escondidos en el casco viejo de la ciudad de Mosul. Calle a calle, las renovadas fuerzas iraquíes fueron derrotando a los yihadistas que en su desesperada resistencia habían empleado a civiles como escudos humanos y realizado ejecuciones masivas. Cuando la victoria militar iraquí ya adquirió aroma propio (el 10 de julio el Gobierno de Bagdad declaró la ciudad «liberada»), los militantes del Daesh habían huido en su práctica mayoría. Algunos buscaron su lugar en otras organizaciones terroristas o acudieron a Siria (sobre todo a las faldas de la ahora débil ciudad de Raqqa, donde los yihadistas resisten a las embestidas del Ejército del presidente sirio Bacher al-Assad y de las kurdas Fuerzas Democráticas Sirias (SDF). Otros, intentaron regresar a sus países de origen y para quienes han decidido permanecer en suelo iraquí, la clandestinidad es su opción.

Sin apenas recursos, el fin físico del califato llegó a la ciudad: «desde el Mosul libre y liberado anunciamos la victoria para todos los iraquíes», manifestó el pasado 10 de julio Haidar al-Abadi, primer ministro del país árabe. Tres millones de banderas iraquíes fueron izadas ese día en la provincia del Nínive. Fue la mayor constatación del éxito de la lucha contra el Daesh sobre el terreno. «La liberación de Mosul y de Tal Afar (localidad situada a 62 kilómetros al oeste de la provincia del Nínive) ha complicado mucho el presente de la organización terrorista. Se trata de una victoria en el terreno político y diplomático a la hora de renegociar el futuro en la región», afirma Francisco Saavedra, experto en política internacional y director de la cadena Radio Esperantia.

Al mismo tiempo que perdían territorio, las arcas del Daesh comenzaron a vaciarse. Desde la caída de Mosul la organización terrorista ha disminuido en más de un 50 por 100 su capital económico, que para subsistir depende del crimen organizado, la recaudación de impuestos, la venta de petróleo, los secuestros y las donaciones.

De hecho, según un informe del Instituto de Investigación sobre la Radicalización (ICSR, por sus siglas en inglés), «no hay evidencia alguna de que el grupo haya encontrado otra fuente significativa de financiación que pueda recompensar las pérdidas recientes. Si se mantiene esta tendencia, el modelo de negocio del Daeshcaerá pronto». El hundimiento financiero ha afectado también a los soldados del islam cuyos sueldos se han rebajado a la mitad. La pérdida de pozos de petróleo y la destrucción de la filial del Banco Central del grupo terrorista en Mosul han agujereado el bolsillo de al-Baghdadi.

Futuro incierto

Según un reciente informe del centro de análisis IHS Conflict Monitor, el autodenominado Estado Islámico ha perdido cerca del 70 por 100 del territorio que controlaba en Irak y Siria en 2015.
Pero, ¿cuáles son los retos del Gobierno iraquí tras la derrota de Daesh en Irak? Sería un error creer que la victoria contra los yihadistas sobre el terreno significa el fin de la organización terrorista. Mientras los islamistas digerían su fracaso, uno de sus principales líderes de Irak, Abu Bara al-Mawseli, redactaba una nueva hoja de ruta. Horas después de que la agencia de noticias islamista Amaqprometiera un final «sin rendición y hasta el martirio», por primera vez en la historia el Daesh izó la bandera blanca y asumió la derrota militar.

Sin embargo y bajo el mando de al-Mawseli la organización desplazó a sus «tropas» a las localidades de Tal Afar, al-Anbar y Tikrit, donde miles de terroristas se atrincheran. Querían que fueran las nuevas salas de operaciones del Daesh en Irak. Pero las Fuerzas Armadas iraquíes tan solo han tardado una semana en derrotarlos en la ciudad más importante de ellas, Tal-Afar. Ejército, policía nacional y milicias irregulares lograron penetrar en la ciudad y expulsar a los yihadistas hacia el oeste, a la frontera con Siria.

Una vez liberada por completo Tal Afar, tan sólo quedan dos bolsas bajo control del ISIS en Irak: una, en la provincia de Anbar que, aunque es muy pequeña, resulta importante porque está situada al sur del Nínive y tiene continuidad geográfica con un área que se une a la zona bajo control yihadista en la gobernación siria de Deir Ezzor que, a su vez, está comunicada con Irak por el río Eúfrates y por donde están escapando los terroristas. La otra está al suroeste de Kirkuk, concretamente en la ciudad de Tikrit.
Tras su huida, ciudades y pueblos que han quedado arrasados. Harán falta décadas para reconstruir lo que las huestes del Daeshhan devastado. Los puentes, carreteras y otras infraestructuras, que han quedado inutilizadas, costarán al Gobierno de Irak miles de millones de euros. Según el diario estadounidense The New York Times, «se necesitan como mínimo mil millones de euros para la reconstrucción, para que miles de iraquíes desplazados puedan regresar a sus hogares». También necesitarán una fuerte inversión el aeropuerto, la estación de trenes y la universidad, bombardeados durante meses.

Un informe de la Organización Internacional para las Migraciones (la OIM), indica que tan solo existen barrios de Mosul parcialmente recuperables en su parte este. De hecho, de los 54 distritos de la zona occidental de la ciudad, 15 habrían quedado totalmente devastados, lo que supone más de 30.000 domicilios particulares arrasados. Además el 80 por 100 de la llamada Ciudad Médica, el mayor complejo de asistencia sanitaria y hospitalaria en toda la provincia del Nínive, ha quedado totalmente carbonizado. Mientras los 34 concejales de la región del Nínive deciden cuál será la hoja de ruta para reconstruir su territorio, el Gobierno se centrará en la restauración del agua, la electricidad y promover el regreso de los ciudadanos.

Según las autoridades iraquíes, cerca de 800.000 personas huyeron de Mosul en los últimos meses de ofensiva militar, mientras que organizaciones humanitarias locales hablan de más de un millón de desplazados (datos que apoya Naciones Unidas). Los muertos, en cifras ofrecidas por la inteligencia kurda, llegarían a las 40.000 víctimas. Datos que, en palabras de Ursula Mueller, subsecretaria de Asuntos Humanitarios de la ONU, «han superado las peores de las estimaciones posibles» Además, a las familias huidas de Mosul hay que sumar ahora las que se han visto atrapadas en Tal Afar y las de otras pequeñas localidades liberadas. Según la ONU, «el proyecto para ayudar a los desplazados de Mosul será la iniciativa humanitaria nacional más grande de 2017».

Terrorismo

Lo que parece evidente es que el otrora califato se ha convertido en un reino de taifas que amenaza el futuro de Irak. Según Saavedra «la desaparición del Daesh de los lugares de los que ha sido expulsado obliga a que su ejército, más o menos regular mientras mantenía un territorio, se transforme en células terroristas mucho menos controlables geográficamente hablando y cuya movilidad y clandestinidad provocará mucho daño». De hecho, la permanencia de los acólitos de la organización en territorio iraquí amenaza al proceso de estabilización del país.

Las agencias de inteligencia occidentales temen que existan pozos de resistencia y células durmientes que inspiren atentados terroristas como ha ocurrido con la insurgencia talibán en Afganistán. «Las fuerzas antiterroristas deberán realizar una labor épica para limpiar todas las zonas liberadas de estos terroristas y tanto el Gobierno iraquí, o el kurdo que salga tras el referéndum del mes de septiembre, tendrán que trabajar mucho el tejido social para intentar integrar a todos los suníes, que con la liberación de las ciudades se están encontrando entre la espada y la pared: optar por el yihadismo o vivir bajo la dominación de las etnias que ahora controlan militarmente la zona», continúa Saavedra. Por su parte, al-Abadi ha alertado a la sociedad civil de que los yihadistas «van a continuar con su labor de miedo y sabotajes».

Está claro que la organización terrorista pretende seguir creando el caos en Siria e Irak. Como ya reconoció en 2016 Abu Mohamed al-Adani, quien fuera portavoz del Daesh y jefe de sus operaciones exteriores antes de morir en un ataque de la Coalición, «la clave de la derrota del yihadismo no se encuentra en la disminución del territorio ni en la muerte de sus líderes, sino en la pérdida de la voluntad y el deseo de combatir».

Según datos publicados por el New York Times, el ISIS ha llevado a cabo más de 1.500 ataques terroristas en 16 ciudades de Siria e Irak después de que les hubieran sido arrebatas. Es decir, que está herido pero no moribundo, pretende mantener células latentes en Oriente Próximo gracias a sus conexiones con nuevas organizaciones criminales y terroristas de Yemen, Libia, Egipto, Afganistán, Nigeria o Filipinas .

El desafío a largo plazo en Irak pasa por tanto por contrarrestar la ideología integrista y abordar las complejas rivalidades que se han potenciado durante los tres años de califato entre musulmanes suníes, chiíes y otras religiones minoritarias de la zona, así como superar los conflictos étnicos que afectan especialmente a los kurdos del norte del país. También es importante abordar el fracaso de décadas del Gobierno de Bagdad para satisfacer las necesidades económicas, combatir la corrupción y garantizar la seguridad de sus ciudadanos, que han quedado traumatizados por la violencia física, psicológica y sexual que han sufrido durante los años de dominio del ISIS.

Según datos de Naciones Unidas, al menos 6.780 civiles fueron asesinados en Irak en 2016 por actos de terrorismo (entendidos como tales también los ajusticiamientos y matanzas perpetradas por el Daesh) y en lo que llevamos de 2017 la cifra alcanza los 2.429. De hecho, el Parlamento iraquí ha postergado hasta el próximo abril las elecciones provinciales previstas para septiembre por no existir el ambiente adecuado para realizar los comicios.

En Siria, el Ejército y las fuerzas y kurdas concentran sus esfuerzos por derrotar al Daesh en Raqqa, localidad situada al norte del país y el último gran bastión yihadista. Un 20 por 100 de la ciudad permanece en sus manos con cerca de 20.000 personas atrapadas (la ciudad contaba con 200.000 habitantes). Nueve meses después de que comenzara la operación Ira del Eúfrates para liberar la localidad norteña, la coalición internacional sigue bombardeando las posiciones de la organización terrorista, mientras que por tierra son los kurdos quienes combaten calle a calle al Daeshpor la rivera oriental. Por la occidental, las fuerzas leales a Bashar al-Assad continúan avanzando y han obligado a los terroristas a atrincherarse en la ciudad vieja, donde siguen la misma táctica empleada en Mosul: minar el terreno, atentar indiscriminadamente, usar a civiles como escudos humanos e intentar escapar con vida.

 

*** Artículo publicado en la Revista Española de Defensa ***

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